Indicadores de Salud Financiera (I). El Indicador de Ahorro

Cuando un asesor financiero profesional inicia una relación con el cliente debería en primer lugar recopilar una serie de informaciones para conocerlo. También, dicho sea de paso, el asesor debería presentarse al potencial cliente aportándole información sobre su experiencia, su formación, sus certificaciones, su manera de trabajar, etc.

No se puede entender una correcta planificación financiera sin conocer en profundidad la situación financiera del cliente, su distribución patrimonial, su capacidad de ahorro, su perfil de riesgo, su horizonte temporal, sus exigencias, etc.

Pero todos estos datos iniciales difícilmente servirán para nada sino se trasladan a un análisis cuantitativo que permita situar la situación actual del cliente en un marco comparativo. Este marco ayudará al asesor a encontrar situaciones no convenientes para una correcta salud financiera y proponer actuaciones para solucionarlas.

Yo utilizo 5 indicadores de salud financiera para mi primer análisis de situación.

1.       Indicador de ahorro

2.       Indicador de solvencia

3.       Indicador de endeudamiento

4.       Indicador de emergencia

5.       Indicador de libertad financiera

Me voy a centrar aquí en el primero: el Indicador de ahorro

El Indicador de ahorro mide la capacidad de ahorro de la familia. Me indica las posibilidades de generación de patrimonio futuro para la consecución de objetivos.

El Indicador de ahorro se obtiene de la siguiente manera:

(INGRESOS NETOS – GASTOS)x100/INGRESOS

Me dice que proporción de los ingresos familiares se podrían destinar al ahorro.

¿Por qué es importante este indicador?

Para contestar a esta pregunta debemos primero ser conscientes de qué es el ahorro. El ahorro es la parte de mi dinero que me guardo para gastarlo en un futuro. Cualquier persona o familia tiene motivos de sobra para guardar algo de su dinero presente.

El primero de todos es la incertidumbre que el futuro lleva implícita. Como no se lo que puede pasar en el futuro, por si acaso me guardo algo de dinero para solucionar imprevistos. Merma en mis ingresos por temas laborales o hacer frente a un gasto inesperado.

También existen razones para guardar dinero que obedecen a certezas futuras. Por ejemplo, comprar algo que ya preveo necesitaré en un momento de mi vida (estudios hijos, cambio coche o casa, móvil nuevo, la jubilación, etc.).

¿Qué puede pasar si llegado un momento tengo que cambiar el móvil y no he ahorrado lo suficiente?. Como es un elemento indispensable de nuestras vidas tendré que adquirirlo si o si. Sólo me quedará la opción de financiarlo, pagando mucho más de lo que vale, dado que los préstamos al consumo suelen tener intereses elevadísimos de doble dígito.

Si financio mis compras sistemáticamente, me empobrezco sistemáticamente. Si lo extrapolamos a un gran número de personas nos encontramos con una Sociedad más pobre, un país peor. ¿O no?. Yendo más allá, hay que tener en cuenta que la jubilación no se puede financiar.

El ahorro es por tanto una actitud frente a la vida. La ecuación no es AHORRO = INGRESOS-GASTOS sino GASTOS = INGRESOS – AHORRO. El ahorro debe ser una constante porque todo el mundo tiene motivos para gastos futuros.

Como dijo el historiador y escritor Cesare Cantú: “Gasta siempre una moneda menos de lo que ganes” 

Salvando la franja de población próxima al umbral de pobreza, muchas familias pueden adaptar sus gastos. Sólo cabe preguntarnos, que pasaría si de repente su jefe le dice que le baja el sueldo un 100€ al mes. ¿Qué haría?. Seguramente adaptar sus gastos a la nueva situación. Alternativamente tendría que mendigar dinero mientras no consiga un empleo mejor pagado. 

La actitud frente al ahorro está directamente relacionada con la cultura financiera de una sociedad. Si vemos las tasas de ahorro de diferentes países europeos, lo de España es cuando menos vergonzoso.

Ahorro en Europa

Pues bien, en mi análisis, cualquier indicador de ahorro inferior al 10%, lo considero negativo. Es decir, la familia no es capaz de ahorrar. Normalmente debería situarse entre el 10% y el 30% en una economía sana. Esto como criterio general. Este indicador hay que ponerlo en contexto según el nivel patrimonial familiar o en que parte del ciclo vital nos encontramos. Una persona de 80 años tendrá menos objetivos de ahorro que una de 40 con hijos, hipoteca, etc.